Microvida en la cocina

Ingredientes invisibles

Si nuestra casa es un universo de microbios, la cocina es un sistema solar. Es como si los habitantes de miles de planetas microscópicos colonizaran secretamente los lugares en los que vivimos y los transformaran con su presencia. Mientras lo hacen, dejan rastros que podemos descubrir en cada rincón.

Este contenido, apoyado por @segurossura, hace parte de nuestra exposición Microvida, que podrás visitar en Parque Explora.

Apoyan: Facultad de Medicina de Harvard y @eafit.

Los olores de los alimentos pueden ser una alerta. Si huelen mal o cambian su aroma, nuestro cuerpo nos advierte que probablemente no sean aptos para comer.

Una sandía acumula más microbios que la superficie de una gomita. Entre más húmedos sean los alimentos, más microbios atraen.

Si mantenemos la temperatura del congelador por debajo de los  -18 °C, podemos almacenar alimentos en buenas condiciones durante muchos meses, incluso años.

Hay más microbios en el mesón de la cocina que en el suelo o el lavaplatos.

Lavarnos las manos, lavar las frutas y los vegetales y cocinar completamente o volver a calentar los alimentos ayuda a minimizar la exposición a microorganismos que nos enferman.

Es posible conservar los alimentos con grandes cantidades de sal o azúcar, que detienen el crecimiento de los microorganismos.

Las llaves de la canilla y la esponja para limpiar los platos tienen muchas más bacterias que el asiento del inodoro.

Calentar la comida y almacenarla en tarros de vidrio esterilizados destruye los microbios y permite conservar los alimentos por mucho tiempo.

La mayor parte del pan se hace con levadura que se cultiva para que sea confiable y de rápido crecimiento. Interviene también en su elaboración la bacteria Lactobacillus.

Los microbios que pueden enfermarnos no tienen olor ni sabor.

La manija de la nevera suele tener más del doble de bacterias que el piso de la cocina.