
La tarántula Aguapanela arvi, descubierta a las afueras de Medellín, en el parque que comparte su nombre, camina segura de sí misma, con visos azul metálico en sus patas.
Los investigadores David Bermúdez, Ana Sofía Muñoz y Yamile Rivas han ido tras su rastro. A partir de sus salidas de campo, acompañados por Jóvenes Explora, han hecho toda una travesía en el reconocimiento de arácnidos de nuestro territorio. Sus registros, que incluyen tarántulas, arañas tejedoras y hasta ácaros y escorpiones, quedaron como una sedita. Te los compartimos aquí.
Antes de los primeros mamíferos ya existían los artrópodos: viven en nuestro planeta hace más de 400 millones de años. Sobrevivieron a la última edad de hielo y a la separación continental, hechos que marcaron cambios de periodos en la historia de la Tierra. Estuvieron presentes en el surgimiento de las plantas con flor y frutos y fueron testigos de la aparición y desaparición de los dinosaurios.
Algunos medían varios metros de largo, como escorpiones marinos más grandes que un humano promedio; hoy conocemos otros que no superan un milímetro, como los ácaros. Han conquistado todos los espacios habitables. Sin embargo, aunque han estado durante siglos en la Tierra, algo pasa cuando nos mencionan algún artrópodo. A menudo nos llega una idea de asco o de miedo.
Seguro has estado frente a frente con uno de ellos, o más bien cuerpo a cuerpo. Hablamos de insectos, arácnidos, crustáceos, milpiés y ciempiés. Sus cuerpos compuestos por patas o apéndices articulados los hacen hábiles y les han ayudado a conquistar diversos ecosistemas.
Los arácnidos son el segundo grupo más diverso dentro de los artrópodos, lo conforman unas 102000 especies de las cuales 48365 son arañas. ¡Casi que podrían llenar el Coliseo romano!
Para comprender lo que tenemos ante nuestros ojos y organizar aquello que se nos hace parecido o diferente, usamos la categorización como una herramienta mental. Desde la biología intentamos describir, identificar y nombrar los organismos que tienen similitudes en órdenes, familias y especies. A este ejercicio lo conocemos como taxonomía.
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Da clic en las telarañas y escucha los sonidos que emiten sus vibraciones
Casa, criadero, cocina, despensa y hasta proteína. Estas creaciones arquitectónicas son el resultado de la precisión de las arañas: regulan la producción de seda al tiempo que definen la forma de sus estructuras.
Además de ser un lugar seguro para encontrar su próximo alimento, los telares ayudan a las arañas a amplificar su percepción del entorno.
Aunque la producción de seda es común en todos los arácnidos, no todas construyen telares, por ejemplo las tarántulas. Como anuncio de un nuevo visitante, la telaraña vibra al recibir una presa. Cada telaraña emite una vibración distinta de acuerdo a su arquitectura.
Los tamaños y las formas de los ojos de las arañas nos permiten identificar a qué familia pertenecen. Te retamos a encontrarlas.
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Grandes depredadoras
Por ser arduas productoras de seda y veneno necesitan una cantidad considerable de proteína animal, lo que las hace ser reconocidas como unas grandes depredadoras, especialmente de insectos.
Esto les ha valido medallas no solo en las competencias de comida, sino también por sus aportes a la salud y al mantenimiento de los cultivos.
Las arañas hacen parte de la cosmogonía de diferentes culturas alrededor del mundo. Han simbolizado, a lo largo del tiempo, alegrías y miedos, héroes y villanos, creación y destrucción, dioses y demonios.
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Mientras que la oruga de seda solo puede producir un tipo de seda, hay algunas especies de arañas que producen siete tipos distintos. ¡Siete!
¿Un elefante sobre la tela de una araña? Suena exagerado, lo cierto es que la seda de araña, por su resistencia, ha sido comparada con el acero. Además, es muy elástica. La clave: el primer contacto con la atmósfera. Ahí empieza a solidificarse con el aire.
Algunos usos sorprendentes.
Los hilos de la araña Nephila de acuerdo a investigaciones locales, mejoran las propiedades mecánicas y de conducción de energía en las baterías.
Con la ayuda de las sedas producidas por las arañas Nephila clavipes, los nervios destruidos en los humanos pueden llegar a regenerarse.
Los hilos de la araña Nephila de acuerdo a investigaciones locales, mejoran las propiedades mecánicas y de conducción de energía en las baterías.
Con la ayuda de las sedas producidas por las arañas Nephila clavipes, los nervios destruidos en los humanos pueden llegar a regenerarse.